martes, 20 de noviembre de 2012

Lorenzo y Jason. 2. Recuerdos


La luz de aquel piso se encendió. Por la puerta entró un chico bastante joven. Alto, de constitución normal, con los ojos negros como el azabache. Su pelo, también negro y algo un poco largo para lo normal de los chicos. Pero al parecer se llevaba así en estos tiempos.
Jason echaba de menos aquellos viejos tiempos en los que los jóvenes iban siempre bien arreglados, con aquellos trajes hechos a medida y con todos los ribeteados de aquellos colores tan llamativos que solo llevaban los de su clase social. Ahora cada uno vestía como quería.
El llevaba unos vaqueros desgastados, unos tenis de color negro y una sudadera azul eléctrico.
A decir verdad, el estaba más cómodo con esa ropa que con la de antes. y las chicas estaban cada día más provocadoras con aquellas faldas que cada día enseñaban más. Si alguna de esas chicas hubiese ido así en sus tiempos sería una joven que nadie querría. Sería llamada fulana. Y nadie querría casarse con ella. Como cambian los tiempos.
Sonrió levemente, hasta que recordó a Christina. Estuvo a punto de casarse con ella. Pero días antes de la boda. Fue cuando lo atacaron y se convirtió en lo que es ahora.
Se levantó del sofá y empezó a caminar por el salón. No quería recordar aquello. Era muy doloroso todo. Nunca más la volvió a ver. Ni supo de ella. Quiso llorar, pero lo vampiros no podían llorar. Le entró rabia. Se quiso auto-destruir. Quiso desparecer. Y eso fue lo único que consiguió. Desapareció de aquel pueblo de Londres y llegó aquí. A Nueva York. Donde la gente nunca se fija si envejeces o no. A nadie le importas. Puedes pasar totalmente desapercibido.
Justo encima de la chimenea tenía un retrato pequeñito de una joven. El la recordaba, era pelirroja y de rizos. Con sus encantadoras pecas y aquellos ojos castaños. Para él, era perfecta.
Justo en ese momento, alguien llamó a la puerta. Se quedó quieto, y notó que no olía a humano. Era un Hombre Lobo. A uno que él conocía. Lentamente fue a abrir la puerta.
-Lorenzo. ¿Qué te trae por aquí tan pronto? Aun nos vimos la semana pasada. Y tenemos la eternidad para intentar matarnos.
-Déjate de bromas. -El rostro de Lorenzo era de extraña preocupación. Miró las fotos que tenía Jason encima de la chimenea. A este le pareció que miraba al retrato de Christina, pero era imposible. -Necesito tu ayuda.

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